Escribo porque puedo hablar sin decir palabra, porque puedo gritar sin sentir verguenza. Escribo sobre lo que veo, pero disfruto imaginando lo que no puedo ver. Escribo porque quiero y aunque la finalidad es ser leído, a éstas palabras no les importa lo que digo, solo están ahí, esperando a dar sentido a esta mente retorcida, curiosa, tímida e irreverente.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Sin título
Hoy, vi en los ojos de un hombre la tristeza, vi en su mirada el vacío, la frustración, la desesperanza.
Hoy vi a un hombre perdido en una nostálgica demencia, tratando de olvidar su pasado, ignorando el presente, evadiendo la realidad, esa realidad absurda en la que no es lo que quiere ser o no tiene lo que necesita o tal vez no está donde debería o con quien quisiera estar... ¿Qué se yo?
Hoy vi en sus manos la ausencia, hoy vi en su caminar la amargura y en su pecho un corazón roto.
Hoy vi en su rostro el llanto, un llanto seco que inunda el alma... Y pude ver con claridad: el dolor.
Quisiera decirle a aquel desconocido que la vida es así, que el dolor llega como un tornado, pero que no será eterno.
Quisiera decirle que no pierda el tiempo, que mire al futuro y dejé atrás el pasado, hablarle de cosas positivas y convencerlo de que todo estará bien, en fin, decirle aquellas patrañas que la gente común suele decir... Pero se que no me escucharía.
Quisiera lograr que ese hombre mirase al cielo y entendiera que el sol sigue brillando, que el cielo es gris pero también es azul.
Quisiera entrar en su mente y convencerlo de que nada logra al intentar olvidar, pues el olvido no es una cura sino una enfermedad.
Quisiera golpearlo, gritarle, ¡Hacerlo reaccionar! ... O tal vez escucharlo, darle una mano y dejarlo llorar...
Hoy, vi en aquellos ojos tantas cosas, que al final solo encontré... mi propio reflejo.
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