miércoles, 21 de julio de 2010

TV de 40 "

He recorrido más de seis casas de empeño, todas ofrecen lo mismo, nada, mi televisión de 40 " parece ser para ellos un vulgar aparato, pues lo más que ofrecen no paga ni la mitad de su valor. Es que no me han dejado explicarles, que ésta no es cualquier televisión, ella fue la primera en llegar a aquél departamento que llamabamos nuestro hogar, ella fue también la testigo de nuestras cenas románticas, de la pizza y las cervezas, de la pasión apurada en el sofá y de nuestras constantes peleas... En las casas de empeño no les importa saber, que por ésta televisión tu y yo nos mandamos a juicio ¡¡ No les interesa saber cuántas veces te grite que no encontraba el control remoto, no les preocupa que en las noches en que tú no estabas, que dicho sea de paso eran muchas, la tele era mi única amiga... No, en las casa de empeño no les interesa nada de eso... Pero si fue ésta misma televisión la que me vió llorar cientos de veces con aquellas peliculas cursis que tanto me gustaban y que tu tanto odiabas, fué ésta televisión la que me acompañó aquella noche que pase despiertó, preguntándome si hice lo correcto, fue ella la que me vió quedarme dormido en el sillón después de horas de llanto, fue ella la que quedo inservible después de tu partida y es ella de la que debo deshacerme ahora para terminar de vacíar aquel departamento, porque no puedo seguir viviendo ahí, porque no quiero tener un sólo recuerdo de esta tele, que con tanta emoción compramos juntos hace más de 5 años... pero en las casa de empeño nada de ésto les interesa...

Don Julian

Cada domingo, en el parque principal de un pueblo lejano con nombre de un santo (como todos los pueblos lejanos), se le ve caminar a Don Julian, ayudado de su bastón llega hasta la banca verde cobijada por la sombra de un gran arbol. Espera allí sentado mirando su reloj, siempre que dan las 3 pm se levanta y se va, camina lentamente arrastrando sus huaraches. Nadie sabe que es lo que espera y nadie nunca se lo ha preguntado. Don Julián es parte de aquel pueblo, el estaba ahí desde que se construyó la primaria y estuvo también el día que inauguraron el centro de salud; siempre asistía a misa y a las juntas de vecinos que no arreglaban nada. Nadie nunca supó que fue de su esposa ni de sus hijos,nadie nunca le preguntó siquiera si los tenía, el viejo del pueblo como algunos le llamaban era un hombre serio y callado, dedicado a su trabajo y a su espera dominical...

Hace más de treinta años que no vengo a este pueblo, ya tiene carretera y la vida aqui ha mejorado, pero para mi todo luce igual, me detengo en la plaza principal y me tomo un agua de jamaica de Doña Sofia, quien ahora tiene una "caseta" y las vende en vaso, no en bolsita. Recuerdo al niño descalzo que corría en la tierra tras un balón viejo y parchado. Todo sigue igual aquí, pero ¿dónde está Don Julián? He venido a contarle de mis estudios y mi trabajo, he venido a mostrarle fotos de mi casa y de mi familia. Pregunto por el y nadie me da razón, desde hace tres semanas que nadie lo ha visto. ¿Donde está Don Julian?, le he traído fotos de sus nietos.

martes, 6 de julio de 2010

Estrellas en la Cisterna

Sentado en el patio de una casa fantasma, que si bien recuerda a la perfección, por el momento no tiene memorias. Un niño delgado con sus lentes resbalando por la nariz miraba atento las estrellas de la cisterna, pensando que harían ahí esos diminutos seres brillantes, creyendo que en su cisterna se encerraban historias mágicas y obscuras y que aquellos pequeños brillos eran los actores de una vida destinada al encierro y el fracaso, pero determinadas a seguir brillando a pesar de que al cerrarse la puerta nadie jamás las volvería a ver... Lo que el niño no sabía es que cada que la puerta se abre una estrella tiene la oportunidad de salir y cambiar su destino...