En una sala de altas paredes blancas bañadas con luz amarilla, un niño se abre paso entre su alborotado cabello para permitir a sus grandes ojos negros seguir con impaciencia la lectura de un libro de texto de Civismo.
El derecho a la integridad personal es la facultad de hacer o exigir aquello que la ley establece en nuestro favor para una vida con respeto y sano desarrollo. ¡maricón! Es el derecho que tenemos a ser cuidados tanto física como mentalmente. ¡maricón! La integridad comprende los niveles físico, psíquico y moral. La integridad moral hace referencia al derecho de cada ser humano a vivir de acuerdo con sus convicciones, siempre y cuando no se perjudique a nadie. ¡maricón!
Chucho cierra su libro de forma violenta, le es imposible lograr concentrarse en la tarea, golpea la mesa al sentir sus lágrimas brotando nuevamente. ¡maricón! Se siente furioso, impotente. Odia la escuela, odia el futbol, odia a sus compañeros.
El quinto año de primaria se había convertido en una tortura. Chucho estaba consciente de ser diferente a los demás, pero no era algo que le molestara; sin embargo, ese año sus compañeros lo habían hecho tan notorio que su popularidad se había acrecentado negativamente en toda la escuela. Algunos niños se divertían escondiendo su mochila o quitándole su dinero, Chucho terminó por acostumbrarse a aquellas “bromas”, pero lo que realmente le molestaba era aquel mote con la que ahora lo apodaban. La situación empeoró aquel viernes cuando Armando, un niño de estatura gigantesca para su edad y con una cara llena de granos acorraló a Chucho en la parte trasera de los baños a la hora del recreo, y con un plumón negro pintó en su camisa a todo lo largo de la espalda la palabra: Maricón.
-Así todos sabrán lo que eres- se carcajeaba.
Al llegar a su casa, Chucho se quitó el uniforme y lo escondió debajo de su cama, había decidido tomar tal precaución aún sabiendo que sus padres no se darían cuenta, pues debido a su trabajo, pasaban muy poco tiempo en casa. Llevaba dos meses intentando hablar con su Madre, su Padre era un hombre serio a quien no le tenía mucha confianza y por lo tanto no deseaba que el supiera nada al respecto. Por el contrario, buscaba cualquier oportunidad para explicar a su Mamá lo que sucedía. En uno de aquellos intentos, ella lo regaño por tener ideas tan absurdas como querer cambiarse de escuela. Otras veces, antes incluso de que él comenzara a hablar, ella presentaba un monologo poco entendible para Chucho, que incluía temas relacionados con facturas, calificaciones, dinero, divorcio y una interminable lista de reproches; Así que al final, Chucho desistía y la dejaba sola, esperando que ella se tranquilizara.
Los días siguientes casi no comió, algunas galletas o una manzana le eran suficientes, por las noches dormía poco, bañado en sudor daba vueltas en la cama y respiraba con dificultad.
>>Corría por un bosque de flores azules que volaban hacia el cielo y explotaban en fuegos artificiales. Una manada de lobos rojos con enormes colmillos y ojos color purpura lo acechaban, tenía miedo, pero sostenía en su mano un gis blanco con el que podía dibujar puertas, escaleras, paredes e incluso dibujarse alas a sí mismo. Volaba entre rocas de jabón en un cielo verde. Uno de los lobos lo ha alcanzado de un brinco. El gis se ha caído. Las gigantescas bestias se incorporan en sus patas traseras, todos visten pantalones grises y chalecos azules. Lo muerden, se ríen. Está sangrando, intenta limpiarse pero el color negro de su sangre forma una palabra que brilla en el cielo alumbrada por la luz de una enorme pelota de futbol ¡maricón! Corre. Los lobos ríen a carcajadas ¡maricón! Las flores explotan ¡maricón! Una estrella fugaz pasa a su lado e intenta alcanzarla pero se da cuenta de que no tiene brazos, ¡maricón!<<
Chucho despierta con un sobresalto, instintivamente busca sus manos, toma la bolsa de plástico que está debajo de su cama y sale corriendo rumbo al patio, al bajar las escaleras escucha la puerta principal cerrarse de golpe. -Otra vez solo-.
Algunas aves alborotadas comienzan a salir de las ramas del árbol donde la madre de Chucho amarra los mecates para colgar la ropa; Al otro lado, un lavadero y unos enormes tinacos oxidados lo acompañan mientras talla su camisa con fuerza, ha intentado con todo lo que tiene: jabón, cloro, champú, pero es inútil. –No se quita, la mancha no se le quita y mañana tengo que regresar a la escuela- Las lagrimas inundan sus ojos mientras sigue luchando contra aquel pedazo de tela, ha terminado por expandir la tinta del plumón y ahora parece que la palabra tiene una sombra a su alrededor, haciéndola más vistosa. ¡maricón!
Frustrado, toma la camisa, la enjuaga por última vez y tras exprimirla, sube a una silla para alcanzar uno de los mecates, las manos le arden. Al terminar de colgarla, resbala de la silla y en un intento por mantenerse en pie, arranca el mecate y golpea su rostro contra la tierra húmeda. ¡maricón! Mira la camisa, está llena de lodo, sujeta el mecate con ambas manos y lo estira con fuerza como si quisiera romperlo.
¡Maricón! ¡No puedes hacer nada bien! ¡Inútil! ¡Eres una nena! ¡Tu camisa está sucia, como tú! ¡Mariquita¡ Una tormenta de voces sacude su mente. Entre todo aquel estruendo, una voz se impone, habla entre sollozos pero Chucho puede escucharla claramente, es su propia voz gritando: -¡Cállense! ¡Cállense! … ¡No hay nada de malo conmigo! ¡Déjenme en paz! …
¡Nadie te quiere! ¡Eres una nena! ¡No sirves para nada! ¡Putito!
Quiero volar… Quiero sentirme libre… Quiero dejar de llorar, ¡maricón! ¡Cállense! Quiero dejar de escuchar sus risas, sus insultos… ¡maricón! Ya no quiero escucharlos… Mamá, mamá ¿dónde estás? mi camisa está sucia… Quiero una camisa blanca, quiero una camisa como la de todos los demás…
¡maricón!
04 de noviembre de 2012. Pocos periódicos han publicado la noticia; el encabezado es el mismo: NIÑO DE 10 AÑOS SE SUICIDA EN SU DOMICILIO. El menor de edad utilizó un lazo para colgarse de un árbol. Los padres dicen desconocer los motivos de su hijo puesto que no dejó carta póstuma.
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